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Leonel en pista despejada: PRM y PLD en sus encrucijadas

by Redacción
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Reflexiones Atrevidas #147

Por: José Francisco Peña Guaba

En política no hay nada escrito. Lo que hoy parece más seguro puede cambiar en cuestión de horas, porque los acontecimientos siempre terminan dependiendo de los criterios, circunstancias e intereses de los involucrados. Y eso es precisamente lo que estamos observando.

El PLD, que venía mostrando una franca mejoría, sufre un frenazo con el abortamiento de la consulta, mecanismo mediante el cual los morados aspiraban a adelantar la escogencia de quien sería su candidato presidencial para las elecciones de 2028.

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Pero lo más gravoso del hecho es que, aunque oficialmente se han ofrecido explicaciones de carácter técnico sobre la suspensión del proceso, esta decisión se produce en medio de confrontaciones y tensiones internas que han desvanecido las esperanzas, ahora truncas, de una parte importante de su militancia.

¿Qué llevó realmente a la suspensión del proceso de consulta de los de la tolda morada? A mi juicio, detrás de lo ocurrido subyace una profunda división entre quienes desean pactar con el PRM algún tipo de acuerdo electoral para evitar que Leonel Fernández pueda ser nuevamente presidente de la República y otro sector, que considero mayoritario, que cree en una necesaria unidad opositora para volver al poder mediante una gran coalición en agosto de 2028.

El ex presidente Danilo Medina no acepta la idea de un acuerdo con la Fuerza del Pueblo. Desde su condición de presidente del PLD, mueve sus hilos internos tratando de influir en el rumbo de la organización y procurando que quien se erija como candidato sea Gonzalo Castillo, quien se ha sumado al coro de aquellos que prefieren que “entre el mar” antes de que Leonel reciba el apoyo de los peledeístas, ni en primera ni en segunda vuelta.

Ambos, Danilo y Gonzalo, actúan, a mi entender, en contra del sentir y del interés de una parte importante de la base y de la dirigencia, consciente de que es en unidad como pueden competir con mayores posibilidades sus candidatos a puestos electivos y volver a ser parte fundamental de un nuevo gobierno que nazca de una gran coalición opositora.

Actúan de espaldas a lo lógico, a lo materialmente posible y, sobre todo, a la gran oportunidad de un reencuentro histórico entre quienes militaron juntos durante largos años, algunos desde 1973, fecha en que fue fundado el Partido de la Liberación Dominicana.

No entiendo cómo un estratega como Danilo puede creer que sus aspirantes pueden lograr suficientes escaños sin una alianza real de la oposición, más aún cuando entiendo que el liderazgo opositor lo tiene, de manera comprobada en las urnas desde 2024, el LEONELISMO.

Y digo leonelismo de manera expresa porque el líder de los verdes es quien, a mi juicio, tendrá también el apoyo mayoritario de otros partidos de oposición que podrían llevarlo como su candidato en sus respectivos recuadros de la boleta electoral.

Ahora el PLD tendrá que esperar los plazos establecidos por la legislación electoral para escoger formalmente su candidatura. El calendario electoral establece el 3 de octubre de 2027 como fecha límite para las primarias y el 31 de octubre de 2027 para los partidos que utilicen convenciones, asambleas o encuestas. Las elecciones municipales serán el 20 de febrero de 2028 y las presidenciales y congresuales el 21 de mayo de 2028.

De ser así, el PRM y el PLD podrían llegar prácticamente hasta finales de 2027 inmersos en sus procesos internos, mientras Leonel tendría por delante un largo período para continuar consolidando su proyecto sin enfrentar todavía candidatos presidenciales oficialmente escogidos por esas dos organizaciones.

El PLD corre el riesgo de quedar fuera del juego del poder, porque sus dos grupos antagónicos —los que favorecen algún tipo de entendimiento con el oficialismo y los que propugnan por la unidad opositora— podrían impedirle construir una candidatura con posibilidades reales de contender exitosamente frente a la Fuerza del Pueblo y al PRM.

Los morados podrían terminar atrapados en los egos, resentimientos y viejas heridas de quienes anteponen sus intereses particulares a la realidad política.

El PRM, por su parte, camina a pasos agigantados hacia la madre de las batallas entre grupos a los cuales les será difícil ponerse de acuerdo, salvo que uno de ellos se imponga de manera fulminante en las primarias, algo que, con sinceridad, veo muy difícil.

No observo que necesariamente vaya a repetirse lo ocurrido en procesos anteriores, cuando Luis Abinader logró imponerse con un margen importante frente a Hipólito Mejía.

Ese escenario de un triunfo arrollador en el PRM lo veo complicado porque las tendencias en disputa poseen bases de apoyo importantes. Hace poco tiempo, muchos estábamos convencidos de que David Collado era prácticamente inderrotable.

Todavía entiendo que el ministro de Turismo mantiene a su favor un margen importante frente a la alcaldesa de la capital; sin embargo, el apoyo que otros aspirantes han ido recibiendo de avezados dirigentes, con conocimiento e influencia entre las bases y la dirigencia media, nos hace suponer que el panorama interno está cambiando y que la competencia podría tornarse mucho más cerrada.

Tienen además en su contra el PRM y el PLD, que los grupos internos que interactúan podrían dificultar a las direcciones de esos partidos una escogencia armoniosa de los candidatos a los demás cargos de elección popular. Una demarcación donde no se otorgue una participación considerada adecuada por cada grupo puede convertirse en una localidad donde surjan tensiones divisorias que eventualmente pudieran terminar traduciéndose en derrotas electorales.

Escoger tardíamente sus candidatos presidenciales es otro elemento que puede jugar en contra de ambas organizaciones, porque siempre toma tiempo suturar las heridas de las precampañas. Y precisamente tiempo es lo que no tendrán en abundancia: apenas cuatro meses después de las primarias se celebrarán las elecciones municipales.

Esas elecciones son vitales principalmente por tres razones. Primero, porque en ellas se disputa una enorme cantidad de posiciones entre alcaldes, vicealcaldes, regidores, directores y subdirectores de distritos municipales y vocales. Segundo, porque esos espacios son precisamente a los que aspiran numerosos dirigentes de base e intermedios de los partidos políticos, debido a su naturaleza eminentemente local.

Y tercero, porque las elecciones municipales tienen una enorme capacidad para crear en la ciudadanía una percepción de triunfo o derrota de cara a la elección presidencial que se celebrará apenas tres meses después.

Esa gran ventaja que, a mi entender, tendría la Fuerza del Pueblo de correr durante un tiempo en una pista despejada solo podrá ser aprovechada si el triunfalismo no obnubila la mente de la dirigencia pueblista; si evita poner trabas a quienes lleguen; si no sobrevalora su propio peso electoral creyendo que por ello puede ganar sola; y si comprende que llevar la delantera únicamente producirá resultados tangibles abriendo las puertas a quienes vengan desde todos los litorales.

También será necesario buscar candidatos potables provenientes de la sociedad, de las comunidades de fe, del liderazgo digital, de los sectores productivos, sociales y comunitarios, entre otros, porque las elecciones de hoy ya no se ganan solamente postulando dirigentes políticos tradicionales.

La Fuerza del Pueblo tendrá que ponerse al frente de una gran coalición política y social. Será importante, además, contar con una buena cantidad de recuadros aliados en la boleta electoral para que la imagen de su candidato presidencial se replique varias veces, ampliando las opciones mediante las cuales diferentes segmentos del electorado puedan expresar su respaldo.

Por eso sostengo que, mientras el PRM y el PLD se aproximan a sus respectivas encrucijadas internas y tendrán que dedicar buena parte de los próximos meses a resolverlas, Leonel Fernández dispone de una pista política comparativamente más despejada para organizar, ampliar y consolidar su proyecto hacia 2028.

Pero ninguna pista despejada garantiza por sí sola llegar primero a la meta. La ventaja existe únicamente para quien sabe aprovecharla.

Mientras tanto, en el hipódromo electoral corre Leonel Fernández, un auténtico resiliente gladiador que parece inscribirse en aquella máxima atribuida al gran poeta romano Virgilio:

“La fortuna favorece a los audaces”.

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