La directora de Ipsos Dominicana, Wanda Montero, advierte sobre los profundos cambios que el consumo de estos fármacos está provocando en la industria de la alimentación, la restauración y el consumo masivo en el país.
La experta señala con preocupación la práctica de la automedicación en gimnasios y la venta sin receta de estos tratamientos.
SANTO DOMINGO, RD – El fenómeno global de los medicamentos GLP-1 (utilizados originalmente para la diabetes y popularizados para la pérdida de peso) ya impacta con fuerza a la República Dominicana.
Sin embargo, su conocimiento y acceso siguen estando fuertemente condicionados por el nivel socioeconómico y la edad, según reveló Wanda Montero, representante de Ipsos Dominicana, durante su intervención en el programa radial Almuerzo de Negocios.
Un reciente estudio de campo realizado por la firma de investigación en el Gran Santo Domingo revela que cerca del 40% de la población general todavía desconoce la existencia o el funcionamiento de estas alternativas médicas.
Esta cifra varía drásticamente según el poder adquisitivo: mientras que en la clase alta (nivel socioeconómico ABC) el desconocimiento se reduce a un 25%, en los sectores más vulnerables (niveles D y E) la cifra de quienes no conocen el producto se dispara entre un 60% y un 70%.
"El conocimiento está muy concentrado en un target con acceso a la información, mayor edad, necesidad de mejorar su salud o apariencia física, y sobre todo, con un alto poder adquisitivo, debido al elevado costo actual de estas terapias", explicó Montero.
No obstante, la experta vaticinó que el acceso se masificará a mediano plazo gracias al desarrollo e introducción de nuevas presentaciones en cápsulas y pastillas que abaratarán los costos de producción.
Mercados en transformación: Ganadores y perdedoresMás allá del debate clínico, Montero enfatizó que el verdadero reto para las marcas radica en cómo estos fármacos suprimen el apetito y modifican de manera acelerada los hábitos de consumo.
Entre los sectores que ya están experimentando los embates de este cambio se encuentran:
Categorías de impulso: Dulces, snacks y golosinas.Bebidas alcohólicas: Cuyo consumo sufre de forma drástica entre los usuarios de GLP-1.
Comida rápida (Quick Service Restaurants): Al perderse el antojo o el impulso inmediato de comer, este modelo de negocio se ve directamente afectado.
Por el contrario, el estudio identifica un claro segmento de sectores favorecidos:
Fabricantes de lácteos y proteínas: Productos como el yogur griego y el queso cottage experimentan picos de demanda debido a su alto valor proteico y nutricional.
Suplementos alimenticios: Convertidos en aliados para el mantenimiento de la masa muscular de los pacientes.
Impacto en el sector de restaurantes dominicanoRespecto a las discusiones actuales sobre la baja en el flujo de clientes en los establecimientos locales —un tema debatido por gremios como la Asociación de Hoteles y Turismo (Asonahores) y la Asociación de Restaurantes de la República Dominicana (Aderes)—, la representante de Ipsos Dominicana apuntó que el consumidor bajo este régimen prefiere comer en casa para mantener el control estricto de su alimentación.
"Esto no es el fin del mundo para los restaurantes, sino una invitación a reinventarse. Las industrias deben empezar a modificar sus menús de manera anticipada, introduciendo platos con alto contenido proteico, opciones libres de grasas y alternativas adaptadas a las nuevas necesidades del mercado", sugirió.
Alerta por automedicación en gimnasiosFinalmente, Wanda Montero hizo un llamado de atención respecto al comportamiento de los consumidores locales, calificando al dominicano como "atrevido" ante el uso de sustancias médicas.
Denunció que, debido a que estos medicamentos se encuentran disponibles en farmacias del país como productos de venta libre (OTC) y sin requerir receta médica rigurosa, se está incurriendo en prácticas de alto riesgo.
"Hemos visto casos donde entrenadores en los gimnasios están inyectando a personas sin supervisión médica. Es una realidad preocupante a la que todavía nos toca esperar unos años para medir el verdadero impacto y las consecuencias en la salud pública", concluyó la especialista.
